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20 febrero, 2014

ENRIKE LEMUS

ESTOY AQUÍ A TU LADO





Enrike Lemus dijo...

21 de septiembre Día mundial del alzheimer...
Escuchar la canción Estoy aquí a tu lado...ENRIKE LEMUS:
Dedicada a Dº Adolfo Suárez

http.//www.enrikelemus.com
http://www.myspace.com/enrikelemus2008


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Manuel Cabello y Esperanza Izquierdo. Ocurris.Ubrique


domingo, 18 de octubre de 2009

Manuel Cabello Janeiro y Adolfo Suárez: llevando a Ubrique a lo más alto

Adolfo Suárez entregando los premios de Misión Rescate a los alumnos del grupo 208 de Ubrique
Manuel Cabello y Esperanza Izquierdo observan sonrientes la escena. Madrid, 1973

El nuestro siempre ha sido un gran pueblo, conocido por el trabajo bien hecho de sus artesanos y artistas, pero nunca había sido tan renombrado como con las campañas de Misión Rescate.
Manuel Cabello puso todo su empeño en que nuestra Sierra fuera conocida y respetada, y toda su ciencia por salvaguardar nuestro patrimonio.
Las campañas de excavaciones en el Salto de la Mora y el descubrimiento de una auténtica ciudad romana pasaron las fronteras de nuestra región y les valieron el Trofeo de Oro de Misión Rescate.
Una vuelta a España, recibidos por las autoridades en todas las ciudades, una entrega de premios al más alto nivel en Madrid, salir en toda la prensa nacional y un regreso a Ubrique como héroes fue lo que vivieron estos ubriqueños en aquella ocasión.
Nos han llamado la atención las fotografías con el que fuera Presidente del Gobierno a partir de 1976, don Adolfo Suárez, que en ese momento era el Director General de Radiotelevisión Española y con don Aníbal Arias, director de Misión Rescate.
Suponemos que para esos niños (de los que no reconocemos nada más que a José Peña) fue un momento más que emocionante.  

Entrega de premios de Misión Rescate Madrid, 1973

12 febrero, 2014

Una tarea para Rajoy digna de Adolfo Suárez

Fernando Jáuregui 29/01/2014
  
 
"Rajoy habría de ensayar una gran operación política, para lo que cada día le queda menos espacio y, desde luego, menos tiempo"
 
Si le digo a usted la verdad, tampoco me parece una tragedia que un señor que se apellida Abascal y otro que se llama Alejo Vidal-Quadras se marchen del partido gobernante; tampoco que una mujer con el tirón de Esperanza Aguirre, o un fiel al conservadurismo como Jaime Mayor Oreja, se constituyan claramente en una especie de 'ala derecha' del PP, quizá bajo la influencia tácita de José María Aznar. ¿Y qué? Todo eso me parece natural, casa con una época de convulsiones y en un partido que tiene que afrontar -no sé si lo está haciendo hasta el último extremo requerido: temo que no-transformaciones económicas, sociales y políticas a fondo, manteniendo a la vez un perfil moderado y hasta cierto punto centrista.

Ya he dicho muchas veces que Rajoy habría de ensayar una gran operación política, para lo que cada día le queda menos espacio y, desde luego, menos tiempo. Y, dentro de esa operación, que incluiría pactos con la oposición y enormes reformas legales y constitucionales, lo primero es soltar lastre, dentro del partido y dentro del Gobierno, que es algo a lo que el presidente se resiste como gato panza arriba. Le están haciendo daño algunos 'históricos' en la ejecutiva del PP -mucho más daño, por cierto, que Mayor Oreja o que esa 'esperanza blanca' apellidada Aguirre-y le están destrozando el rumbo algunos ministros especialmente ocurrentes, belicosos o dicharacheros.

No me parece (demasiado) grave (aún) la situación del PP, ni siquiera ante unas elecciones europeas que podría ser que perdiese si no las gestiona con habilidad -y habilidad es lo que le está faltando a la estructura dirigente del partido--. Ni siquiera aunque le salga algún grano, claramente menor y me temo que oportunista, por la derecha. Ni siquiera aunque algún/a dirigente autonómico/a dé claras muestras de ir a estrellarse gracias a un personal vuelo aventurero, sin rumbo y casi sin motor. Lo grave sería la falta de iniciativas, de ideas arriesgadas: creo que Rajoy tiene que ensayar acuerdos sobre política general con el PSOE y acuerdos electorales con formaciones moderadas, incluyendo el movimiento ciudadano que anima Albert Rivera -y, si posible fuere, con una UPyD que da muestras de falta de realismo en este terreno--. Y ni qué decir tiene que los pactos con el nacionalismo catalán, vasco y hasta con el canario se hacen ahora simplemente imprescindibles e inaplazables.

Ignoro, como es lógico, lo que Mariano Rajoy tiene pensado decirnos en sus próximas comparecencias, comenzando por la del próximo domingo en Valladolid, que yo espero, como, supongo, todos los españoles, con enorme expectación. Me defraudó su primera oportunidad del año en Barcelona, la pasada semana, donde comprobamos que o no hay o no se muestra plan alguno para tratar la delicada situación que nos ha creado a todos Artur Mas. No quisiera sufrir una nueva decepción ni este domingo ante una convención de los suyos, ni cuando, con motivo del debate sobre el estado de la nación, Rajoy se enfrente a la irritación -sin duda interesada-de todos los demás grupos parlamentarios. Tiene que convertir su relativa soledad -repito: lo de Vidal-Quadras y compañía no es para tanto-en una ventaja: al menos, el PP está definiendo claramente sus perfiles y lo que quede de esa Vox no surgida precisamente del pueblo habrá de pactar en su día con los 'populares'.

El PP, con el PSOE, sigue siendo uno de los dos partidos con implantación nacional, militancia importante, organización suficiente y vertebración en todo el territorio. Han mostrado sentido común, patriotismo y prudencia; les está faltando nada menos que sentido de Estado. El PP, que de quien ahora hablamos, tiene que olvidarse de pretéritas mayorías absolutas, de caducas formas impermeables de gobernar y ponerse a la nueva tarea, que es ni más ni menos que gestionar una segunda transición. Una tarea, señor Rajoy, digna de Adolfo Suárez; aproveche la ocasión.

10 febrero, 2014

La conversación inédita entre Suárez y Tejero el 23-F

Pre publicación del libro «Secretos de la 

Transición.

09 de febrero de 2014. 00:38h

Juan BELTRÁN.



«La Transición» es un término tan lleno de contenido que tiende a escribirse con mayúsculas, porque mayúsculo fue el esfuerzo de pasar de forma pacífica y ejemplar, de un sistema dictatorial a una democracia. Esta publicación, es la crónica, en buena parte inédita, de este importante periodo de España que abarca desde 1976 hasta la llegada de los socialistas al poder en 1982, escrita por el periodista y escritor Abel Hernández, –colaborador de LA RAZÓN–, testigo privilegiado de un acontecimiento político que, con sus luces y sus sombras, mereció la atención de todo el mundo. Por primera vez se descubren secretos o silencios y se dan algunas claves de acontecimientos decisivos en un trabajo memorialístico de alguien que vivió «in situ» unos acontecimientos tan trascendentes para la historia de España. «Momentos y peripecias que parecían inolvidables y que se han ido borrando de la memoria colectiva», dice el autor en el prólogo, intentando interesar a las nuevas generaciones: «¿Qué ha pasado? ¿Qué ha sido de aquel entusiasmo colectivo? ¿Qué ha pasado con la clase política, tan respetada entonces, tan denigrada ahora? ¿En qué ha quedado el respeto reverencial al Parlamento, templo de la soberanía popular, ahora rodeado por la multitud airada?», se pregunta. Por el libro desfilan personajes que fueron protagonistas y se narra el complejo entramado de pactos y acuerdos que propiciaron el cambio: el Rey Juan Carlos y Adolfo Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo, el general Manuel Gutiérrez Mellado, el cardenal Vicente Enrique y Tarancón y Jordi Puyol como los más importantes. El capítulo que se reproduce a continuación revela una conversación inédita entre Adolfo Suárez y el coronel Tejero (y que escuchó un ujier que estaba presente) en un despacho del Congreso durante los sucesos del 23-F. Impresiona la forma en que el presidente, con una pistola apuntándole en la sien, manda cuadrarse a Tejero y este, desconcertado o impresionado, se va. Esto demuestra la dignidad y la valentía de la persona que, junto al rey Don Juan Carlos, condujo el proceso democratizador de España. Afortunadamente, estos acontecimientos acabaron con la tradición golpista y metieron a España en el mayor periodo de estabilidad de su historia.

«Tú ya no eres el presidente de nada»

Cuando Adolfo Suárez es trasladado, a petición del teniente coronel Tejero, a un despacho del Congreso donde queda aislado del resto, teme seriamente por su vida. Pero más que miedo, en la soledad del recinto le atraviesa por dentro un relámpago de tristeza y de rabia. Toda su obra política se derrumbaba en un instante, convertida en ceniza, en un fracaso histórico. Y él quedaría como el gran culpable, la cabeza de turco. Todo su trabajo a favor de la concordia y la democracia había sido inútil. ¡Pobre España!, pensó.
No había improvisado el gesto de quedarse sentado en su asiento durante los disparos. Para él, aquel gesto no tenía ningún mérito. Era lo menos que podía hacer. Tenía muy interiorizado que debía mantener la dignidad del presidente del Gobierno, el primer presidente constitucional, pasara lo que pasara. Ésa era, de antemano, su firme determinación. Y el suceso no le había pillado del todo de improviso. Hacía tiempo –desde lo de la «Galaxia» o antes– que venía pensando en un escenario parecido. La víspera le había dicho a Alberto Recarte: «No descarto que haya un golpe militar, y, si lo hay, el inductor habrá sido Armada». En la Moncloa repitió en los últimos meses docenas de veces a sus colaboradores –y también se lo dijo a Santiago Carrillo– que a él no lo sacarían de allí por la fuerza, sino con los pies por delante. «En caso de golpe de Estado me defenderé» –les decía–, y les mostraba la pistola que guardaba en el cajón de la mesa de su despacho.
En otra sala del Congreso, Tejero había ordenado recluir a Gutiérrez Mellado, Felipe González, a Rodríguez Sahagún, a Alfonso Guerra y Santiago Carrillo. Al principio les vigilaban seis hombres, que permanecían de pie apuntando con las metralletas. Uno de los guardias civiles, según el testimonio de Gutiérrez Mellado, «daba muestras de gran nerviosismo y miraba insistentemente a Carrillo acariciando la metralleta».
Adolfo Suárez, aislado de todos, se acuerda de Amparo y de los niños. ¿Qué seré de ellos? Al día siguiente de la investidura de su sucesor, tenían previsto volar a Panamá a descansar, a reponerse de tantas emociones, de tantos disgustos. Y ahora esto. Le da vueltas a lo que ha ocurrido buscando las claves, los antecedentes, preguntándose quién está detrás. No para de fumar hasta que se queda sin tabaco. Entonces le pide al ujier Antonio Chaves un cigarro, por favor, y se alegra cuando éste se lo proporciona.
Este ujier presencia la tensa discusión que mantienen el presidente y el golpista Tejero, y toma luego nota literal de lo que había escuchado. Muchos años después le da una copia con la transcripción a Alfonso Guerra, que revela su contenido el 27 de enero de 2012 en el curso de un homenaje de la Universidad Europea de Madrid a Adolfo Suárez.
Éste es el impresionante diálogo:
Suárez: ¡Explique qué locura es ésta!
Tejero: iPor España, todo por España!
Suárez: ¡Qué vergüenza para España! ¿Quién hay detrás de esto? ¿Con quién tengo que hablar?
Tejero: No hay nada que hablar. Sólo obedecer.
Suárez: Pero, ¿quién es el responsable?
Tejero: Todos, estamos todos.
Suárez: Como presidente del Gobierno de España, le ordeno que deponga su actitud.
Tejero: Tú ya no eres presidente de nada.
Suárez: Le ordeno...
Tejero: Yo sólo recibo órdenes de mi general.
Suárez: ¿Qué general?
Tejero: Milans. No tango nada más que hablar.
Suárez: Le insisto, soy el presidente.
Tejero: ¡No me provoque!
Suárez: Pare esto antes de que ocurra alguna desgracia, ¡se lo ordeno!
Tejero: Usted se calla. ¡Todo por España!
Suárez: Le ordeno...
Tejero: ¡Cállese! ¡Siéntese! Y usted (al ujier), ¡fuera!
Aquí acaba la transcripción del diálogo que presenció el ujier del Congreso. Cuando sale fuera y se quedan los dos solos sin testigos, Tejero se acerca muy alterado a Suárez y le pone la pistola cerca de la sien. Iba a morir. Piensa que le quedan unos segundos de vida. El presidente ordena entonces con voz firme al militar: «¡Cuádrese!». A Tejero esto lo desconcierta y lo impresiona, se da media vuelta y se va. No era la primera vez que Tejero acariciaba ese día la pistola con malas tentaciones. También había amenazado de muerte a1 general Aramburu Topete. «Te mato y después me pego un tiro». –llegó a decirle, según el comandante Ostos, ayudante del gobernador militar de Madrid–. Y, cuando repicaban los subfusiles en el Congreso, dijo: «Basta ya, no vayamos a darle a alguno de los nuestros».
Cuenta Javier Cercas en «Anatomía de un instante», que el ujier Antonio Chaves le confesó: «Yo en esos años de izquierdas, casi revolucionario, pero me impresionó la dignidad con que Adolfo Suárez se mantuvo en su sitio. A partir de ese día me hice incondicional suyo».
Pasaron los años. Un día paseaba por la plaza de Oriente. Un coche oficial se detuvo junto a él. Bajó la ventanilla y era Suárez: «Antonio –le dijo– te debo tabaco».

19 enero, 2014

Suárez gana a Zapatero y a Aznar

La biografía del primer presidente de la democracia vende más en Amazon que los escritos por los otros políticos.

  Madrid 19 DIC 2013 - 13:05 CET

En la librerías hay duelo de expresidentes: José Luis Rodríguez Zapatero, José María Aznar y Felipe González han presentado sus libros en las últimas semanas, a los que hay que añadir la biografía sobre Adolfo Suárez escrita por Fernando Ónega.
Según los datos de ventas en la librería virtual de Amazon,  El Dilema, de Zapatero, es el más vendido de los tres expresidentes, un 81% más que El compromiso del poder, de Aznar, y el doble que En busca de respuestas, de Felipe González. También ha vendido un 93% más que Recuerdos: 40 años de servicio público, del ex ministro de Economía durante la etapa de Zapatero, Pedro Solbes.
Si pudiera parecer que vende más quien hace menos tiempo que dejó el poder, esto se trunca con el caso de Adolfo Suárez, primer presidente de la democracia. Pese a llevar décadas alejado de la vida pública, Puedo prometer y prometo, biografía escrita por Fernando Ónega y publicada por Plaza y Janés es el superventas entre los libros de política. De momento ha vendido un 45% más que el de Zapatero.
En cuanto a unidades venidas en “pre venta” (la modalidad que ofrece Amazon de comprar los libros antes de que salgan a la venta), Zapatero fue el que más vendió de antemano, superando en un 80% a las preventas de Aznar y González.

14 enero, 2014

Adolfo Suárez

Sep25
Como he dicho en otras ocasiones, soy hijo de la democracia. Nací a los pocos meses del golpe de estado de Tejero, que es el momento que muchos historiadores consideran culminación de la transición, y a poco más de un año de la primera victoria electoral de Felipe González, que es la fecha que otros estudiosos plantean como final del cambio. No conocí al Adolfo Suárez presidente. En mi infancia, no era más que un hombre de mirada melancólica y voz grave que encabezaba un partido de escaso éxito y atractivo logotipo, el CDS, y cuyo papel en la historia de nuestro país me era totalmente desconocido.
Desde muy pequeño, mostré un interés febril por la política y, a pesar de proclamarme felipista convencido y confeso, mi madre me inculcó un respeto casi reverente hacia ese Adolfo Suárez que los caricaturistas representaban con una nariz y una barbilla interminables. Recuerdo que mi madre esgrimiendo argumentos como que los españoles deberíamos avergonzarnos de la forma en la que estábamos tratando a Suárez, que la historia lo pondría en su lugar y que llegaría el momento en el que suspiraríamos por un presidente como el que él había sido. Una vez más, el tiempo demostró que las madres nunca se equivocan.
Con los años, la lectura y mi interés por la historia reciente de España, fui descubriendo las razones de la admiración que mi madre siempre manifestó hacia Aldolfo Suárez y no pude sino coincidir con ella en los análisis de a pie que hacíamos a menudo, y que en la actualidad seguimos discutiendo cada vez que los acontecimientos nos dan pie para ello.
Pero el tiempo también nos ha mostrado que los españoles no hemos sido los únicos que nos hemos portado mal con Suárez, que no hemos sido los únicos ingratos, que la vida misma ha sido la que peor ha tratado al político. No sólo le arrebató el cariño de gran parte del pueblo, no se contentó con hacer que la libertad de la que fue artífice jugara en su contra, no bastó con apartar de su lado a sus familiares más queridos. La vida le ha negado el único consuelo que le queda a aquellos que no son profetas en su tierra, que son los hipócritas homenajes otorgados en la vejez. Adolfo Suárez nunca sabrá que su pueblo ha vuelto a quererle y que muchos reivindican e, incluso añoran, su figura. La vida se ha ensañado con uno de los españoles más importantes de la historia.
Me quedo con una cita de la entrevista de 1980 que recientemente ha publicado ABC:
Hubo una primera época en que el ambiente jugaba a mi favor. Y yo no opino, como muchos, que el pueblo español estaba pidiendo a gritos libertad. En absoluto, El ansia de libertad lo sentían sólo aquellas personas para las que su ausencia era como la falta de aire para respirar. Pero el pueblo español, en general, ya tenía unas cotas de libertad que consideraba más o menos aceptables… Se pusieron detrás de mí y se volcaron en el referéndum del 76, porque yo los alejaba del peligro de una confrontación a la muerte de Franco. No me apoyaban por ilusiones y anhelos de libertades, sino por miedo a esa confrontación; porque yo los apartaba de los cuernos de ese toro…
Cuando en el año 77 se consolida la democracia y las leyes reconocen libertades nuevas, pero también traen aparejadas responsabilidades individuales y colectivas, empieza lo que llaman el desencanto… ¡El desencanto! Yo no creo que el pueblo español haya estado encantado jamás. La Historia no le ha dado motivos casi nunca.
Aunque ya no pueda recibirlas, permítame, D. Adolfo, que le dé las gracias.
Alberto Alvarez-Perea

11 enero, 2014

Rajoy felicita a Suárez y le expresa el homenaje y gratitud de los españoles

lainformacion.com
martes, 25/09/12 - 19:06
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha felicitado hoy a Adolfo Suárez en su 80 cumpleaños a través de un telegrama enviado a la familia del expresidente, ha informado el Ejecutivo en una nota de prensa.
Madrid, 25 sep.-
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha felicitado hoy a Adolfo Suárez en su 80 cumpleaños a través de un telegrama enviado a la familia del expresidente, ha informado el Ejecutivo en una nota de prensa.
En el texto, Rajoy le ha transmitido "el homenaje y gratitud" de millones de españoles que, como él, admiran una trayectoria pública "que excede el ámbito de la política, y hace de su personalidad y de su obra un referente del marco de diálogo y del modelo de convivencia consagrado en la Constitución de 1978".
"La serenidad y entereza con las que afrontó momentos muy complejos de la historia de España -destaca el telegrama- siguen siendo motivo de inspiración y ejemplo del más alto grado de entrega a la noble tarea de servir a los ciudadanos desde la política".
(Agencia EFE)

LA HISTORIA INTERMINABLE

 
04/01/2014 - 17:16

Desde estas líneas deseo agradecer el excelente testimonio escrito que Fernando Ónega ha dedicado a la figura de Adolfo Suárez.
Siempre he sentido una gran identificación con los discursos de Adolfo Suárez, porque me emocionan. El del 9 de junio del 76, defendiendo el derecho de Asociación Política me parece para enmarcar, y el del Puedo Prometer y Prometo del 77, es humano y ontológica a la vez. Gracias Fernando por recordar a Suárez.
 
31/12/2013 - 18:25

Un an nou fericit președinte! Cu respect
 
20/12/2013 - 18:05

La mejor carta de Navidad, la mejor felicitación que podemos enviar, es reconocer los modelos de paz y convivencia.
Adolfo Suárez, dio a España la reconciliación y la concordia, que es algo muy similar al mensaje de Dios.
Por ello, creo que la concordia es la expresión máxima de la reconciliación y la prosperidad, que es, en definitiva, la ratio essendi del mensaje cristiano, humanista y social, que la Navidad simboliza cada año.

Adolfo Suárez


 Fermín Bocos

10/01/2014 | 22:40 h
Me cuentan que Adolfo Suárez declina. La fuente es fiable pero sabida la naturaleza de su enfermedad, cualquier síntoma puede dar pie a pronósticos errados. Ojalá sea el caso, porque, aun estando en doliente silencio, saber que sigue entre nosotros, es un consuelo.
Sobre todo en estos tiempos en los que crece la añoranza de su gran aportación a la colosal obra de ingeniería política que fue la Transición. Me refiero a la filosofía del consenso. La permanente disposición al diálogo con quienes no compartían ni sus ideas, ni su diagnóstico de la situación política del momento. Forzado que fue por las circunstancias a convertirse poco menos que en demiurgo a quien se le encomendó un imposible, hizo de la necesidad virtud... Él mismo lo definió con la metáfora del agua: cambiar las cañerías del edificio (del Estado) sin que se interrumpiera el suministro.
Toda personalidad excepcional está condenada a la soledad y Suárez no fue una excepción. Si la dureza política de aquellos días -y la ingratitud del Monarca y la volubilidad de los electores- no le hubieran empujado prematuramente a la cuneta, habría sido la suya una figura refugio para los momentos de zozobra nacional.
Hoy que por razones de la enfermedad, se alza ante nosotros como una estatua desconectada de cuanto le rodea, se le echa de menos.
¿Qué diría Suárez? ¿Cómo enfocaría? ¿Cómo respondería al desafío separatista planteado por los nacionalistas catalanes?

Queda dicho que era hombre de diálogo hasta la extenuación, pragmático hasta la innovación, pero como bien quedó acreditado para la letra firme de los libros de Historia, también es un hombre con mucho coraje personal y político. Un hombre valiente y, por lo tanto, un dirigente político capaz de hacerse respetar y hacer respetar las leyes.
Cualquier intento de establecer paralelismos con los principales líderes actuales (Rajoy, Rubalcaba, Mas, Lara, etc), nos instalaría en la melancolía. Los lectores más veteranos no necesitarán clave alguna para discernir lo que trato de decir. Estoy seguro de que todos tenemos claro la diferencia que media entre gobernantes y estadistas.
Se dirá que a veces es la época, el acontecer político quien sirve la épica. Es cierto. El ciclo histórico actual no es equiparable al formidable reto que entrañó la Transición, pero no es exagerado  pensar que el desafió independentista con su anunciado mecanismo de relojería política que tensa día a día la vida política española nos aboca al conflicto.
Es imposible determinar qué habría hecho Suárez en estas circunstancias, pero tengo para mí que por encima de la prima de riesgo, habría establecido que la prioridad era resolver el problema catalán. Pensando en el interés de España, no habría dudado a la hora de discernir cual era el verdadero riesgo.